Un documental expone a los genocidas de Indonesia "En Indonesia matamos a todos los comunistas"


Begoña Piña
Público

Joshua Oppenheimer muestra en 'The Act of Killing' a los genocidas de Indonesia fanfarroneando y recreando en un rodaje las torturas y asesinatos que cometieron tras el golpe militar de 1965. Los asesinos son tratados hoy como héroes nacionales

Un director de cine pide a un asesino que recree para una película las torturas y crímenes que cometió en su vida real. Éste, encantado con la oferta, se dispone a ello con entusiasmo y diligenc ia. El resultado del experimento es una alucinación cinematográfica que adquiere proporciones épicas cuando se descubre que el criminal es uno de los líderes más sanguinarios de los escuadrones de la muerte de Indonesia, bandas de carniceros que en 1965 acabaron con la vida de un millón de personas en menos de un año. The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, es la consecuencia de ese espeluznante delirio de fama de los genocidas indonesios, que hoy todavía viven como héroes en su país. La película se estrena el 30 de agosto en España.
Werner Herzog, uno de los cineastas que más genialidad ha aportado al cine documental, ha demostrado públicamente su asombro ante The Act of Killing. "No he visto una película tan potente, surreal y terrorífica en al menos una década", ha dicho y, desde luego, ha dado en el clavo con los adjetivos y con el orden en que los ha mencionado. Tan pasmosa, tan demencial es la historia de esta película, que la primera reacción ante ella es de sorpresa. Una especie de estupefacción que se convierte en aturdimiento y confusión antes de transformarse en espanto y, finalmente, en algo muy parecido a la angustia física.
Los escuadrones de la muerte
Anwar Congo, uno de los cabecillas de los escuadrones de la muerte que actuaron en Indones ia tras el golpe militar contra el presidente Sukarno, es la estrella de esta película. Verdugo responsable, según sus palabras, de la tortura y asesinato con sus propias manos de más de mil personas, escenifica ante la cámara los crímenes que cometió, explica cómo perpetraba sus agresiones y se vanagloria de haberse inspirado para ello en las películas de gángsteres que estrenaban en el cine.
Matón de cine, en su juventud él y sus amigos controlaban el mercado negro de entradas. El ejército les reclutó tras el golpe para los escuadrones de la muerte porque sabía que odiaban a los comunistas -principales boicoteadores de las películas de EEUU, las más rentables en los cines- y ya habían demostrado que eran capaces de cualquier acto de violencia. Hoy, casi cincuenta años después, Anwar Congo es una figura venerada en Indonesia.
Fundador de una poderosísima organización paramilitar (Juventud de Pancasila), en la que figuran públicamente ministros del Gobierno, se le trata con todos los honores. Es la imagen, el símbolo, de un país demente, que aplaude la corrupción y la violencia. Un país en el que los genocidas son invitados de lujo en los programas de televisión, donde se explayan sobre sus proyectos cinematográficos y sobre sus aterradores asesinatos reales. Un país donde una buena parte de la población sigue viviendo completamente aterrorizada y a la que da la espalda el resto del planeta.
Palabra de genocida
"Matar está prohibido, por tanto, todos los asesinos son castigados, a menos que maten en grandes ca ntidades y al sonido de las trompetas". Son las palabras de Voltaire con las que se abre esta película, en la que conviven las escenas del pavoroso rodaje en el que trabajan los criminales, con imágenes de ellos en otras situaciones y ante la cámara contestando a las preguntas del equipo de Oppenheimer.
- ¿Cómo exterminó a los comunistas?
- Los matamos a todos. Eso fue lo que pasó.
"No importa si acaba en la pantalla grande o en la televisión", dice Anwar Congo refiriéndose a la película que están rodando y antes de añadir: "Tenemos que demostrar que ésta es la historia, que esto es lo que somos, para que la gente en el futuro lo recuerde". Un esfuerzo tardío después de hablar ante las cámaras de este documental, pues es absolutamente imposible olvidar lo que cuentan, cómo lo cuentan y, lo peor, cómo lo celebran.
Anwar Congo baila vestido como un gangster de película después de mostrar el sitio donde llevaba a cabo las torturas. "Al principio los apaleábamos hasta la muerte, pero había muchísima sangre (...). Cuando limpiábamos, el olor era terrible. Para evitar la sangre, teníamos un sistema". Y dicho esto, unos pasos de chachachá. Estremecedor.
"Matar a gente que no quería morir"
Testimonios como éste se suceden a lo largo de toda la película y no solo pr ocedentes del recuerdo de Anwar Congo. Un editor de prensa -"mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas"-, un líder paramilitar local que hace ante las cámaras una ronda de extorsión en el mercado exigiendo dinero, el mismísimo vicepresidente del país, otro verdugo de la época, un miembro del Parlamento de Sumatra del Norte o el subsecretario de Juventud y Deporte hacen sus personales aportaciones al documental, dejando constancia de una de las cosas más sorprendentes de todas, la absoluta banalidad con que todos perciben el genocidio cometido y la perfecta impunidad que han construido a su alrededor.
"¿A cuántas personas mató?" pregunta a Anwar Congo con una sonrisa deslumbrante una presentadora de la TVRI, televisión pública de Indonesia. "A unas mil", contesta él también sonriente. Espeluznante y, al mismo tiempo, lógico. Al fin y al cabo, Anwar Congo y sus colegas torturadores están ahí haciendo publicidad, promocionando la película que han rodado describiendo sus asesinatos.
La aberració n ha llegado aquí a su punto culminante. Han pasado casi dos horas desde que comenzara la película y el espectador ha asistido al grotesco espectáculo de la fanfarronería de unos asesinos de masas. En todo ese tiempo se habrá preguntado, seguramente varias veces, ¿cómo es posible vivir con ello y ni siquiera arrepentirse? La respuesta es que probablemente no es posible.
"Sé que mis pesadillas las causa lo que hice, matar a gente que no quería morir", dice en un momento del documental Anwar Congo, cada vez más afectado por el proceso de rodaje de la película y a quien la cámara de Oppenheimer graba también mientras interpreta el papel de víctima en una de sus recreaciones. Momento clave para el genocida y para The Act of Killing, éste en que el asesino se pone en lugar de sus víctimas. Es una secuencia que conduce al final de este documento. Y aquí, las turbulencias emocionales por las que ha pasado el espectador son tantas y tan profundas que ya es muy difícil decidir si ese hombre -en el que algo ahora ha cambiado- está arrepentido o si lo que siente es asco ante la marea de sangre provocada o si es que realmente no quería entender y ahora, por fin, ha entendido lo que significa el acto de matar.

"UNA TÉCNICA DE RODAJE PARA INTENTAR COMPRENDER"

Ganadora de múltiples premios, esta película se gestó después de tres años que el director Joshua Oppenheimer dedicó a rodar a los supervivientes de las masacres de 1965 y 1966. En ese tiempo, el equipo de la película fue amenazado, acosado y advertido para que abandonara. Sin embargo, "los asesinos estaban más que dispuestos a ayudarnos y, cuando los filmamos fanfarroneando sobre sus crímenes contra la humanidad, no encontramos ninguna oposición. Se nos abrieron todas las puertas". Y ahí, en medio de lo que Oppenheimer llamar "esa extraña situación", se inició un segundo punto de inicio de la película.
Propusieron a los gángsteres que rodaran su propia película y que se interpretaran a ellos mismos y a sus víctimas. "Los protagonistas se sentían seguros explorando sus recuerdos y sentimientos más profundos; y su humor más negro. Yo me sentía seguro desafiándolos continuamente sobre lo que hicieron, sin miedo de que me arrestaran o me golpearan".
"He desarrollado una técnica de rodaje con la que he intentado comprender por qué la extrema violencia, que muchos consideramos impensable, no solo es posible, sino que se ejerce rutinariamente. He intentado comprender el vacío ético que hace posible que los responsables del genocidio sean homenajeados en la televisión pública con vítores y sonrisas -dice el director-. Asimismo intentamos arrojar luz sobre uno de los capítulos más oscuros en la historia humana, tanto local como global; y expresar los costes reales de la ceguera, el oportunismo y la incapacidad para controlar la codicia y el ansia de poder en una sociedad mundial cada vez más unificada. Finalmente ésta no es una historia sobre Indonesia, es una historia sobre todos nosotros". Fuente: www.publico.es

ADENTRO


Todos queremos vivir dentro,
pero estamos enredados fuera.

Todos queremos vivir dentro,
ahí sabemos que está nuestra verdadera identidad.
Todos queremos vivir dentro,
pero estamos enredados fuera:
con nuestras actividades,
con nuestros intereses,
con nuestras riquezas y bienes materiales,
con nuestros trabajos y tareas,
con nuestras aficiones desordenadas,
con nuestro afán de protagonismo, éxito y prestigio,
con nuestras carencias…
con nuestras necesidades de salud, bienestar, comodidad,
con nuestras (pre)ocupaciones y obsesiones,
con nuestros ruidos y parloteos mentales,
con nuestro enredos con el pasado, con el futuro
y con el presente insatisfecho…

Todos queremos vivir dentro
Y vivir el tesoro de nuestra alma.
Pero para vivir dentro…
existe una pequeña condición:
tenemos que entrar dentro,
tenemos que atravesar una puerta
para entrar dentro…

Iñigo García Blanco
 
 
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CAMINAR


"Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia. 
(...)
Muchos de los grandes negocios promueven el crimen y del crimen viven. Nunca hubo tanta concentración de recursos económicos y de conocimientos científicos y tecnológicos dedicados a la producción de muerte. Los países que más armas venden al mundo son los mismos países que tienen a su cargo la paz mundial. Afortunadamente para ellos, la amenaza de la paz se está debilitando, ya se alejan los negros nubarrones, mientras el mercado de la guerra se recupera y ofrece promisorias perspectivas de carnicerías rentables. Las fábricas de armas trabajan tanto como las fábricas que elaboran enemigos a la medida de sus necesidades 
"
(Eduardo Galeano)

ATADURAS

Corea del Norte: testimonios


Niños encarcelados en los campos de trabajos forzados desde el mismo día que nacieron, madres alimentando a sus desnutridos hijos con serpientes y ratas o familias enteras encarceladas porque uno de sus parientes había desertado son algunos de los testimonios más dolorosos e inhumanos que se desprende del último informe de la ONU sobre los crímenes contra la humanidad en Corea del Norte.
Atrocidades indescriptibles que relatan 80 testimonios donde se habla de ejecuciones, desapariciones y torturas.
 
Uno de los problemas que azota el régimen de Kim Jong-un es el del control de información. Las noticias están capadas y es el gobierno quien da el visto bueno a la publicación de las informaciones. 

“Te lavan el cerebro... nadie sabe la vida que hay en el exterior. Desde que naces, solo existe Corea del Norte. Desde los 4 años lo único que hacen en la escuela es lavarte el cerebro hasta en tu propia casa. No se pueden escuchar algunos canales de radio. Quieren que la gente se ciegue y no vea más allá de las fronteras.”
Jang Hae-sung escribió mal el nombre de Kim Il-sung y fue internado en un campo de concentración por seis meses como causa de su error.
Otro testigo admitió que veía películas piratas pero tenía miedo por si le encontraban. Muchos de los 'piratas' que encontraron fueron asesinados. Las autoridades norcoreanas le advirtieron que solo podía ver películas de origen norcoreano. En muchas ocasiones las autoridades iban casa por casa verificando los ordenadores de las personas y cortaban la luz para que los datos quedaran bloqueados y así requisarlos. En una ocasión, dice este testigo, un amigo tuvo que tirar el cd por la ventana para no ser detenido.

En 2006, una pareja de 31 años fue detenida y torturada por que estaban viendo películas surcoreanas. Testigos pudieron certificar que la pareja estuvo cercad e la muerte debido a las palizas brutales que les daban en la cárcel.
En 2009, un testigo, que planeaba volar desde Corea del Norte, fue detenido por hablar con una compañía de de teléfono surcoreana. Los agentes dijeron que se trataba de un caso de espionaje y lo asesinaron. 
Jang Hae-sung afirma que “mis amigos, gente que escribe habitualmente, no puede escribir lo que quiere.” Uno de sus amigos escribió en un post que sólo podía escribir lo que ellos querían y fue mandado a un campo de concentración.
Jeong Jin-hwa deja claro que la censura en los medios es muy fuerte.“Hay mucha gente que ha sido detenida por escribir sus opiniones.”
Kim Song-ju cree que la religión en este países como la droga y debe ser eliminada.
 Kim Soo-am del Instituto Coreano Unificado habla sobre el sistema de castas, conocido como songbun:
“Los niveles de clases perjudican a la hora de obtener más o menos comida. La gente que vive en la capital tiene más accesos a la sanidad o a servicios sociales pero aqullos que vivan en los pueblos están perdidos.”
 Kwon Young-hee describe la discriminación que pasó su familia por ser de origen surcoreano.
“No podíamos vovler a nuestra ciudad de origen. No nos dejaron. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya eramos mayores. Mi hermana fue vejada en la Universidad por ser de Corea del Sur”
Otro testigo afirmó:
“Las mujeres en Corea del Norte no pueden llevar vaqueros. Prefieren que lleven faldas y zapaton negros de acuedo con el estilo socialista. Las mujeres casadas si pueden llevar vaqueros. En verano no pueden llevar sandalias con joyas. Si las mujeres no lo aceptan serán enviadas a campo s de concentración.”
Ji Seong-ho, que perdió un hígado en un accidente de tren, afirmó:
“La discriminación a las personas con discapacidad en Corea del Norte es abusiva. Si a una persona le falta una mano, le llaman el manco y así pasa con la familia de este. Personas ciegas, sordas o mudas son discriminadas de forma brutal.” 
Kim Hyuk, que se busca la vida desde los siete años al perder a su madre, nos acerca su vivencia a los largo de los años.
 “Dormíamos en la estación del tren. Cogíamos comida de los alrededores de la estación y vivíamos como podíamos. Pedíamos limosna pero nadie nos ayudaba.”
 El hermano de Kwon Young-hee fue detenido en China en 1994 por intentar huir de Corea del Norte. Se fue a China para encontrar comida pero su ilusión se fue al traste. Le ataron a un camión con destino China y estuvo a punto de morir.
“Desde que le ataron al camión su cara estaba ensangrentada, su ropa destrozada y para colmo, cuando se cayó al suelo en algunas ocasiones, le obligaron a levantarse y seguir caminando. Querían que los vecinos vieran a mi hermano sacrificado y que todos se mofaran de él.”
Otro de los testigos que ha hablado para la ONU recredece la situación que vivió en uno de los campos de concentración.
“Los prisioneros eran vejados hasta tal punto que tenían que hacer trabajos forzosos desnudos. Nos metían la mano por nuestras partes íntimas para encontrar aparatos móviles o dinero, después nos encerraban en celdas atados de pies y manos.”

Jee Heon A fue detenido junto a una mujer embaraza en un acto de repatriación. Durante el traslado, la mujer embarazada salió de cuentas y su hijo murió. Una de las mujeres que intentó ayuda a la mujer embarazada aseguró que los agentes abusaron de ellas como querían.”
Otro de los testigos dice ver como abusaron de una mujer embarazada hasta que consiguieron que abortara. Los agentes reclamaban que llevaba un niño chino en su vientre.
Kim Young-hwan fue uno de los testigos al ver como muchas madres lloraban desesperadamente al ver a sus hijos asesinados:
“… si un niño nace, rapidamente se le asesina. Muchas de las veces los ahogan. Los testigos aseguran que ponían al bebe boca abajo para que dejara de respirar y eso lo hacen con la madre al lado de su hijo.
 Kim Young-hwan trabajó muchos años codo con codo con personas que habían sido víctimas de tráfico de niños:
“… estas niñas eran vendidas a personas que vivían en pueblos rurales de China y reciben un trato inhumano. Muchas de ellas son explotadas como esclavas.”
 Jin-hye describe la situación de malnutrición que pasó junto a su familia en la década de los noventa. Sus dos hermanos y su abuela murieron por desnutrición.
"Cuando nació mi hermano pequeño, mi abuela quiso matarlo por que su madre no podía amamantarlo. Mi madre tuvo que suplicarle a mi abuela que no le matara. Había una falta muy grande de comida y eso generaba que los mayores intentaran matar a los más pequeños. Al final mi hermano pequeño murió en mis brazos por que no tenía nada que llevarse a la boca.”
El acceso a la comida era muy limitado en la zona en los años ochenta. Un testigo alega que las fuerzas militares se encargaban de suministrar la poca comida que les llegaba:
“Daba igual que trabajaras todo el año en las granjas que no recibirías ninguna recompensa por parte de las autoridades, es más, todo lo que ganabas se lo quedaban ellos en las redadas que hacían en las granjas.”

Un ex oficial norcoreano que trabajó en la investigación sobre la agricultura describe el sistema de producción de comida en el país:
“La compensación era más personal que social. Si tienes una cantidad limitada de comida, debías dársela las personas más importantes del país.”
El padre de Jo fue torturado en una de sus detenciones. Murió durante el traslado de un centro a otro.
“En el proceso del traslado no pudo ni comer ni beber. Fue torturado en varias ocasiones con varias heridas de gravedad en las piernas, asi que realmente no es que muriera, sino más bien lo mataron.”
Otro testigo asegura haber sido vejado por varios agentes por intentar viajar a China. Le golpearon en los riñoes hasta llegar a ser hospitalizado.
“Me dieron golpes en la espalda y riñones hasta que dejara de gritar. Intentaron matarme pero no lo consiguieron.”
 Jeong Jin-hwa describe cómo eran los campos de concentración norcoreanos.
“Todos los norcoreanos saben de la existencia de estos campos. Tenemos la percepción de que cuando entras no sales. Es un lugar muy cruel.”
Shin Dong-hyuk nació en un campo de concentración y no sabía lo que era la vida fuera de las rejas. Sus padres fueron encerrados en este centro por culpa de un familiar.
“Nací criminal y moriré siendo un criminal. Solo hay dos tipos de personas en esos campos, los hombres armados y los prisioneros. Éramos víctimas de violaciones que siempre quedaran en nuestra memoria.” Fuente: La Información