Enfermeras del Tercer Reich


Como todas las enfermeras en tiempos de guerra, aquellas en la Alemania Nazi, atendieron desinteresadamente a los soldados heridos bajo las condiciones más difíciles imaginables. Pero también tuvieron otras labores más siniestras, encargadas por el Tercer Reich.
Las enfermeras asistieron en distintos “experimentos”, incluyendo la eutanasia de los personas con problemas mentales y otros grupos que Hitler consideraba “indeseables”, además de asistir en la creación de una “Super Raza” de niños.


Una colección de horrorosas imágenes muestra a estar mujeres, probablemente en la hora más oscura de la digna profesión de la enfermería. Las acciones de los médicos Nazi durante la guerra esta bien documentadas, pero las de las enfermeras y otras personas que ayudaron en estos experimentos, son normalmente ignoradas.
Probablemente el proyecto más perturbador en el que participaron fue en el programa Lebensborn, donde científicos a las ordenes de Heinrich Himmler, intentaron desarrollar una raza elite de arios puros para liderar el Tercer Reich.

Bajo el plan, los niños que no daban la talla eran enviados a campos de concentración. En 1939, los Nazi fueron más allá y viajaron a territorios ocupados como Polonia para robar miles de niños arios, luego transferidos a las clínicas de Lebensborn para ser “alemanizados” y adoptados por familias de las SS.

Los que se negaron al adoctrinamiento fueron golpeados y luego enviados a campos de concentración a morir. Entre las labores de las enfermeras esta tratar a niños de cabello castaño con luz ultravioleta en un intento de aclarárselos.


Sea que estuvieran siguiendo ordenes, tratando de ayudar o peleando por la causa en la que creían, estas mujeres son parte de la diversa historia de la enfermería. Fuente: noticias24

PROPORCIONES QUE SITÚAN


MILAGROS

A veces la vida nos presenta situaciones, experiencias y personas con los que SÍ, realmente, es posible HACER MILAGROS. Son los pequeños momentos que dan chispas al resto de la caminata y...existen.

LUJURIA

Hablemos hoy de sexo. Es tan humano, el deseo, la búsqueda de placer, el perseguir, en el contacto físico, el disfrute, un buen rato, el celebrar el cuerpo en su sentido más profundo. La lujuria tiene que ver con perseguir el placer físico al margen de otras consideraciones. Al margen de otros elementos de la relación. Es el placer por el placer, el sexo por el sexo, el disfrute por el disfrute. Es algo muy al alcance de todo el mundo hoy, en una sociedad que asume el sexo como una dimensión habitual de las relaciones sociales, y donde muchas formas de estimulación están al alcance de casi cualquiera.
 
¿Dónde está el problema en esto? ¿Por qué hablar de pecado? ¿Es aquí donde, tal vez, asoma lo más puritano, lo más represivo, lo menos celebrativo de una Iglesia y una moral que no comprende las bondades del sexo? ¿Por qué ver problema en la lujuria? ¿En qué sentido nos perjudica? Si dos adultos quieren, ¿dónde está el problema? El problema es que termina proponiendo una vivencia de las relaciones físicas que se agota en sí misma. Eso, a muchas personas les puede bastar. Pero se pierden –al menos desde la concepción creyente de la persona– una opción valiente y con un punto de riesgo: la decisión de vincular las relaciones sexuales a la experiencia interpersonal del amor.
 
¿Cuál es la alternativa? Vincular el sexo al amor. No a cualquier cosa que se llama amor. Al amor que es apertura incondicional. Que es relación. Que es historia que se va escribiendo con el paso del tiempo. Que es comunicación. Que es compromiso. Y que irá alcanzando mayores niveles de intimidad a medida que va creciendo y consolidándose. Probablemente es en este campo donde la mirada, desde la fe, debería ser menos desde la prohibición  y más desde la propuesta. La propuesta creyente es vincular el sexo al amor. Para que no se quede reducido a algo demasiado mecánico, demasiado egocéntrico, demasiado inmediato o demasiado vacío.